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Foro CONSIDERACIONES PARA LA REORGANIZACIÓN E INSTITUCIONALIZACIÓN DE UN SISTEMA NACIONAL DE ÁREAS PROTEGIDAS


Foro
CONSIDERACIONES PARA LA REORGANIZACIÓN E INSTITUCIONALIZACIÓN DE UN SISTEMA NACIONAL DE ÁREAS PROTEGIDAS
Realizado el 15 de Mayo de 2019 durante la
“Semana de Investigación y Extensión 2019”, de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela

Caracas, 13 al 17 de Mayo de 2019



Co-Organizadores del Foro:
·      Prof. Hedelvy J. Guada, IZET, Facultad de Ciencias, UCV; Comisión Venezolana de Áreas Protegidas de la UICN
·      Prof. Edgard Yerena O., Departamento de Estudios Ambientales, USB; Comisión Venezolana de Áreas Protegidas de la UICN
·      Mag. Vilisa Morón Zambrano,  Comisión Venezolana de Áreas Protegidas de la UICN

Ponentes del Foro:
·      Prof. Edgard Yerena O., Departamento de Estudios Ambientales, USB. Comisión Venezolana de Áreas Protegidas de la UICN.
·      Mag. Vilisa Morón Zambrano,  Comisión Venezolana de Áreas Protegidas de la UICN
·      Prof. Jorge Naveda S., Profesor Postgrado Ecología, UCV, Postgrado FAGRO-UCV; Comisión Venezolana de Áreas Protegidas de la UICN
·      Marlene Sifontes, SUNEP-INPARQUES
·      José Matute, SUNEP-INPARQUES


Consideraciones Técnicas Finales

Las áreas protegidas son espacios geográficos definidos, reconocidos, dedicados y gestionados con el objetivo de conservar a largo plazo la naturaleza, servicios ecosistémicos y valores culturales (Dudley, 2008). En Venezuela la historia de estas áreas dedicadas a la conservación inició en 1926[1] con la declaración del Bosque Nacional Macarao, figura legal que desapareció al ser derogada la antigua Ley de Bosques de 1910 por la primera Ley Forestal de Suelos y Aguas en 1955. Éste inicio fue temprano al compararlo a nivel Latinoamericano, en donde la primera AP declarada fue la Reserva Forestal de Loma León en México en 1899 y el 1re Parque Nacional (PN) fue declarado en Argentina en 1903, seguimos nosotros en el 4to lugar con la declaración del PN Rancho Grande, en 1937, que años más tarde se renombraría como PN Henri Pittier en honor a este gran investigador de las ciencias naturales. En Venezuela, los hitos ambientales están asociados a nuestra historia republicana y democrática, siendo pioneros en Latinoamérica en la erradicación de la malaria, control del mal de Chagas, declaración de la ley orgánica del ambiente, creación del ministerio del ambiente, y la firma de diferentes acuerdos y convenios internacionales para la conservación, lucha contra la desertificación, sequía y cambio climático.

Sin embargo, actualmente solo un 28% de nuestro territorio tiene bajo grado de intervención o no hay información para conocer su estado de conservación. Las instituciones ambientales son débiles en la implementación de las leyes; la guardería y control ambiental es casi nulo a nivel nacional; somos uno de los países con mayor tasa de deforestación a nivel mundial (promedio de deforestación anual 2000-2015: 0,3%/año, equivalente a 274.933.5 ha/año); el conocimiento de nuestra biodiversidad es parcial; la pérdida de hábitat es la principal amenaza a nuestras especies, pues el cambio en el uso de la tierra no es planificado; no hay control de incendios y en los últimos años la actividad minera se ha acelerado, trayendo como consecuencia la contaminación química de los ríos, una desforestación masiva y un aumento desmesurado de enfermedades que se creían controladas, como la malaria. Dicho deterioro ambiental, no refleja un aumento en la producción de alimentos, materias primas ni incremento del producto interno bruto, evidenciándose una deficiente gestión ambiental. En consecuencia, se hace necesario rescatar las áreas protegidas, restaurar o recuperar territorios naturales deteriorados y asumir la responsabilidad de una conciencia ambiental y conservacionista más sólida como sociedad con proyección a futuro.

¿Qué hemos aprendido en estos años de historia de conservación en Venezuela? ¿cuál es el futuro de nuestras áreas protegidas ante vientos de cambio democráticos y la reconstrucción de un país? Lo primero es estructurar un sistema de áreas protegidas coherente y simplificado, pues actualmente las Áreas Bajo Régimen de Administración Especial (ABRAE) incluyen áreas protegidas según los estándares mundiales y otra serie de categorías de ordenación territorial que no cumplen objetivos de conservación, por lo que su planificación, administración y manejo, debe ser particularizado. En este sentido, siendo realistas, conceptualmente hablando, Venezuela cuenta con 97 Áreas Protegidas, a saber: 44 Parques Nacionales, 36 monumentos naturales, un Santuario de Fauna, siete Refugios de Fauna Silvestre, siete Reservas de Fauna Silvestre y 2 Reservas de Biosfera; con una cobertura de superficie total de 25.512.545,86 Has (27,84% del territorio). Ello incluye 421.961,27 Has de zonas marinas (0,6% de territorio marino) y 25.090.584,59 Has de zonas terrestres (27,38% del territorio continental).

A lo largo de los años, la planificación y gestión de dichas áreas ha tenido sus altibajos, su administración se ha caracterizado por la centralización en la toma de decisiones, la separación administrativa y criterios diferente en las formas de concebir la planificación. Esto se debe a la alta capacidad de gasto e inversión que había tenido el Estado venezolano y que en los últimos años ha decaído enormemente, así los presupuestos estimados en los años 2016 y 2017, indican un déficit financiero de más del 99% anual, aún cuando tiene la responsabilidad de gestionar un poco más del 27% del territorio. Esto se debe a varios factores fundamentales, siendo los más importantes: la utilización de técnicas de estimación financiera anticuadas y poco sistemáticas, la dependencia casi exclusiva de un presupuesto gubernamental, la ausencia de una desconcentración de funciones financieras y administrativas en las regiones, la administración deficiente de los pocos recursos que posee la institución y la inflación nacional que alcanzó 495,56% para el 2016, 2616,00% para el 2017 y 1.698.488,00% para el 2018. Todo ello ha afectado a los ámbitos de gestión de Protección, Gestión de Recursos, Uso Público, Investigación y Monitoreo, Administración y Finanzas, así como, Planificación y Efectividad de Gestión. Unidades claves para el buen desarrollo de una estructura de programas de gestión y proyectos de ejecución que permitan el funcionamiento correcto del Plan de Ordenamiento del AP y esta cumpla con sus objetivos de conservación y preservación a corto, mediano y largo plazo.

Nuestro planteamiento ante la situación actual de las AP es:
(1) Evaluar y proponer un esquema desconcentrado de gestión y supervisión (externa e independiente);
(2) diversificar la gobernanza, identificar a todos los actores que participan en el sistema de áreas protegidas a nivel nacional, estadal, municipal y comunitario, incluyendo las ONG y universidades, para definir las responsabilidades y un sistema de contraloría basado en la transparencia y respeto que vele por el cumplimiento de las responsabilidades establecidas;
(3) reestructuración financiera: incorporando técnicas y estrategias modernas de estimación presupuestaria e instrumentos de negociación a nivel nacional e internacional, tratando de acceder en lo posible a fondos no retornables, en asociaciones mixtas o individualmente, así como la formación de fondos fiduciarios para el financiamiento de proyectos en las diferentes ecorregiones;
(4) entender que las áreas protegidas están en el negocio de la protección, conservación y la educación, por lo que se debe apostar a una institución de conservación que cumpla con funciones más complejas creando una imagen corporativa atractiva y confiable en el medio financiero y se acople al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, Agenda 20-30 y convenio marco de Cambio Climático;
(5) valorar la mística y remunerar adecuadamente el trabajo duro de nuestros guardaparques y técnicos, pues son los que día a día protegen nuestras áreas naturales.

Finalmente, en esta renovación, el nuevo sistema de AP debe reconocer los esfuerzos voluntarios y conservación de facto que actualmente desarrollan diversas comunidades, organizaciones no gubernamentales, particulares, universidades y empresas a nivel nacional, pues son un digno ejemplo de diversificación de la gobernanza y autogestión[2]. En este sentido, deben poder acceder a fondos, capacitaciones y ser tomadas en cuenta en la planificación del territorio como actores claves para asegurar en el tiempo la protección y uso sostenible de nuestros recursos.

Presentaciones del Foro

·       Un nuevo sistema de ABRAE para Venezuela (LEER AQUÍ)
·       Situación institucional de las áreas protegidas venezolanas y posibles rutas para su modernización con proyección global (LEER AQUÍ)
·       Alternativas de áreas protegidas en manos de la sociedad civil (LEER AQUÍ)
·       Lista Roja de Parques Nacionales (LEER AQUÍ)
·       Planteamiento del Sindicato de Inparques ante la situación actual (LEER AQUÍ)


[1] Ver Gondelles, R. 1992. El régimen de áreas protegidas en Venezuela, Fundación Banco Consolidado. Caracas, 68 p.
[2] Estas iniciativas se denominan áreas conservadas, es decir, espacios geográficamente definidos caracterizados por una buena gobernanza y gestión efectiva para garantizar la conservación de la biodiversidad a largo plazo, en las que pueden incluirse diversos usos de los recursos mientras sean sostenibles y no forman parte de los sistemas nacionales de áreas protegidas. Cuando se relacionan directamente con el cumplimiento de la meta Aichi 11, el Convenido de Diversidad Biológica las cataloga como Otras Medidas Efectivas para la Conservación basadas en área (OMECs) y motiva su reconocimiento por parte de los gobiernos.

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